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domingo, 14 de agosto de 2022

La mujer que sabía demasiado


En el rodaje de Misfits


Fue hace poco, quizá ninguno nos dimos cuenta. ¿Tú te diste cuenta? Fue hace poco, pero fue hace sesenta años. Ya sesenta años. A Marilyn Monroe la mataron. Hace sesenta años, A Marilyn no le dio por quitarse de en medio. Como todo el mundo sabe, JFK y su hermano Bob. Y Marilyn. Los tres. Y aquello se tenía que terminar. Y terminó. Como todo el mundo sabe.


Marilyn nunca tuvo padre al que se le pudiera dirigirse así, llamándole Dad. Se confirma que sí que tuvo, como todo el mundo. O más bien, alguien al que se le pudiera llamar así. Con nombre y con apellidos (Y no era Mortenson). Lo sabe todo el mundo sesenta años después. Y fue hace poco que todo el mundo lo supiera. Quien no lo puede saber es Marilyn. Lo sabe todo el mundo menos la persona que más lo quería saber. Ella, la madre que la parió, tuvo muchos hombres cuando engendró a la que luego llamaran Marilyn. No quiero hacer juegos de palabras. Para una vez que escribo, voy a escribir bien. Joder. 


Marilyn se murió hace ya sesenta años. Quizá no te diste cuenta pero fue hace poco. Quizá estabas ya de vacaciones. Todos necesitamos las vacaciones. Hace sesenta años y hoy. Escucho a Gil Scott-Heron quejarse del jazz robado por los blancos. Y de que, como todo el mundo sabe, hace cincuenta años también, la revolución no vaya a ser televisada. Me acuerdo del día que leí a mi soulmate escribir que Sammy Davis Jr. hizo lo que no hicieron la mayoría de blancos en ese país. Estar muy junto con Marilyn. Marilyn estuvo muy junta con muchísima gente y a veces no era como con el bueno Sammy Davis. Sammy Davis era del clan Sinatra, como Dean Martin o como Peter Lawford, el cuñado de JFK y de Bob. De los  Kennedy. El día que mataron a Marilyn Bob y Peter Lawford estuvieron en la casa de Norma Jean. Hace sesenta años. Los tres estuvieron muy juntos ese día, lo malo es que fue la previa de lo que ya se sabe que pasó. 


Y a las diez de la noche Marilyn se murió. 


Scott-Heron todavía se sigue quejando.


lunes, 1 de octubre de 2012

Apocalypto

Coltrane en este blog. No es el fin.
 Lo tengo pendiente, en esta especie de redacción virtual en la que @vidjass en twitter (o jass it up boys en blog, desde hace que nos conocemos, como hace siete años o así) me dice que escriba sobre algo por aquí. Y luego me hace RT de mis mandados y yo me derrito. Y ese algo de lo que tenía que escribir hace una semana, que se me amontonó y no pude, era un recuerdo sobre Dios. Sobre lo que yo creo que fue lo más parecido a Dios en la tierra. Ahora Dios está en el cielo y yo lo sé. Dios es Coltrane y viceversa. Pero en este post es así, Coltrane es Dios. Y viceversa, así en el cielo como en la tierra y tal. Cumplía años Dios, eterno que lo creíamos. Echo las cuentas y si Dios no se hubiera muerto en la tierra hoy tendría ochenta y seis años, una semana y un día. Por eso me mandaba mi jefa virtual (más que jefa, aquí podría decir y bien claro que más que jefa era compañera, más que eso, amiga, más todavía, mi alma gemela), por eso me decía que escribiera sobre Dios.

Dios tocaba el jazz como los ángeles. Arcángel Gabriel que tocarás la trompeta en el día del juicio, toma buena nota y entra en el cuarteto de Dios. Aprenderás un poquito. Si puedes. Oposita. Mientras tanto llega ese día del juicio (¿2012 finalmente?, abróchense los cinturones), nos ponemos de Dios hasta las orejas, hasta el punto de que no quedará en la faz de la tierra ni uno solo de agnósticos siquiera. Ya lo veo, ese día llegará de noche mientras los demás estarán durmiendo infelices de lo que les espera y tú y yo estaremos en ese club donde nadie lo sabrá pero habrá como la catarsis definitiva y Dios bajará de los cielos y nos avisará, estaremos tan pocos que seremos los elegidos para darle el carpetazo al asunto. Imagina y piénsalo bien: Dios bendito mismo y un saxo tenor. Tú, yo y dos más. Jam session definitiva, nos quedará París, la coda final de A love supreme. Lo que te guste de beber y sin pagarlo, lo que te guste de lo otro y adiós. Llegó el fin. Qué mejor que tú y yo. Ni podíamos imaginar otro happy ending. Bendecidos y más que alegres.  Nos cogemos de la mano, esperamos a que nos diga Dios (qué final, la verdad, quién mejor que Dios para unirnos en sagrado estado final) y apaguemos luces, desmontemos el chiringuito.
A Love Supreme, Pt. 4: Psalm by John Coltrane on Grooveshark

martes, 22 de mayo de 2012

These eyes

Más abajo, esa boquita me llama alma gemela.


Ya no me acuerdo de la última vez que escribí algo en Twitter. Sí, hace demasiado tiempo. Desde entonces podría haber "tuiteado": la salvación del Real Zaragoza, decir que Manolo Jiménez, qué cojones tienes, o que ha hecho calor, mucho calor, o frío, mucho frío. O lo que ha llovido desde la última vez que escribí. Aquí, verbi gratia, tampoco. Me ponía, hacía como que tenía ganas, pero no me salía. No acababa. No me daba por ahí. Hasta que el otro día me di cuenta de que alguien que me llama algo más que amigo, sino algo que no le dice a nadie más en este mundo, ha conseguido lo que más ha estado deseando, buscando y soñando desde hace ya algún lustro. Sic, porque horas de sueño, unas cuantas, le ha quitado ese sueño. Para suerte mía y de unos cuantos. No pueden ocurrírseme mejores pensamientos y palabras para esa persona que me llama de una manera que no lo hace a ninguna otra persona en este mundo. Se siente, que le gusta decir a ella. El otro día me di cuenta de algo, sweetheart, y esto es algo que puedo decir por aquí sin que me limiten 140 caracteres, aunque con una sola palabra baste para decir tantas cosas que te mereces. El otro día me di cuenta de que no hay casi nada que me llene más de orgullo que me digas sólo a mí en este mundo que soy tu alma gemela.

Felicidades, Doctora.

These Eyes by Guess Who on Grooveshark