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viernes, 4 de noviembre de 2022

No-tas de un viaje de vuelta

 

Descubramos


No. No has escuchado bien el Dream a little dream of me hasta-que-no-escuchas-bien-el-contracanto-de-Satchmo cuando Ella hace el canto.


Bird. Aka Charlie Parker. Aka Eastwood del 88. El pájaro escucha que por la radio del coche emiten la versión que King Pleasure le ha hecho en vocalese de su sempiterno Parker's Mood. Vaya mierda. Viene a decir el acompañante. Y Parker, que escucha bien escuchado, le dice a su acompañante Shut-up.



Deconstructing Harry. Antes de que Woody Allen se destruya-deconstruya (sí, existe el palabro, sí, existe palabro) en varios sosias-proyecciones con o sin gafas, suena Twisted, suena Annie Ross, suena otra-versión-vocalese de un tema de Wardel Gray, suena durante los títulos de crédito iniciales, suena Twisted mientras Judy Davis sale una-y-otra-vez-en-moviola-en-repeat del mismo yellow cab visiblemente voy-a-darte-pal-pelo. Hay que escuchar mejor a Annie Ross. Mejor, hay que escuchar a Annie Ross. Con o sin Hendricks y Lambert, hay que escuchar.


Escuchar-descubrir a Lorez Alexandria. Decía el Cifu: se puede cantar jazz, no-por-ello-eras-cantante-de-jazz.


Ipse, Jackie Paris.


Los dos sabían cantarle al jazz.


Annie Ross.


Y Chet Baker por aquí.



domingo, 1 de diciembre de 2013

El rompecorazones


Hoy te toca cumplir años. 78. Nos estamos haciendo mayores. Jo-der. Esta semana yo también he cumplido; he visto Blue Jasmine. Me faltaba. Y vista. Y tengo que contarte que lo he pasado mal. He pasado un par de días muy mal. Blue Jasmine no me ha gustado. Creo que, salvo a Boyero, voy a tener que ir buscando por debajo de las piedras, a ver si encuentro a alguien a quien le pase lo mismo que a mí con tu película. Vaya regalo me está haciendo éste, pensarías si por remotísima probabilidad leyeras esto. Lo he pasado mal, en verdad. Cada vez que acaba una de tus películas, y repito, en todas y cada una de ellas, me da una pena irremediable que se terminen. Esbozo una sonrisa, la lágrima se asoma. Eso que tú sabes hacer tan bien. Y lo único que quiero es que sueltes otra de tus frases, otra de tus genialidades, coño, que aquello no se acabe. Que se alarguen los puntos suspensivos... Esta vez no me ha ocurrido, la primera vez que me pasa contigo. La película se acabó y estaba en shock. In albis. Y eso, creo que ha sido eso, es lo que me ha dado la puntilla. Me has destrozado el corazón. Te quiero tanto, deseo con tanto fervor que llegue, con el año de retraso de rigor, cada uno de tus estrenos, que puedo decir que esta vez, este año, algo me falta. Hoy me han pedido una lista de las diez mejores películas de los 80; cuatro eran tuyas. O cinco. Hay quien me reprocha darte notas altas a tus últimas películas. Hay quien, directamente, me tiene en el móvil con tu nombre y tu apellido. Cuando no me duermo, a veces pienso, en lugar de las puñeteras ovejitas, en tus diálogos, en las frases de tu papá Groucho, en Mia, en Dianne, en Hannah y en sus hermanas, en el planetario. There's an old joke. Por más que lo intento, llevo dos días que no puedo quitarme de encima esta desazón. ¿Es una tontería ponerse así por el cine? Sí, lo es. Y sí, no me importa tampoco que una película me deprima. Es como un chasco sentimental, al fin y al cabo. Cuesta tirar p'alante. Cuesta levantarse. Es que cuando acaba una de tus películas siempre voy luego a la librería de Vidal y hnos. A mirar por los estantes. Me entran ganas de libro viejo. Este año al acabar Blue Jasmine ¡he ido a comprar yogures! Es el único chiste malo que me ha salido en este par de días. Espero que no me cueste tanto el recuperarme en otro par más. Que no me cueste. Espero que esta noche se me pase todo. Que los cumplas feliz, que dicen por allá abajo. Que cumplas los cien detrás de la cámara. Eso vivieron tus padres, ¿no? Rompecorazones, que eres un rompecorazones.

domingo, 24 de febrero de 2013

Pasar páginas


Diane Keaton tras ganar el Oscar a la mejor actriz por Annie Hall

Que te den el premio de tu vida y que tú lo celebres tocando uno de esos instrumentos, sólo que estás a miles de kilómetros de distancia,puede considerarse como dos cosas: la primera, como una forma de hacerle un feo a quien te reconoce tu mérito; la otra, como la manera de decir que el carpetazo que le has dado al libro que acabas de leer y por el cual te dan el premio de tu vida contiene muchas cosas, entre ellas que te da igual el qué dirán. A mí ese libro me dejó bueno el sabor de boca. Ese libro es historia. Y espero que os guste. Fin. Pero terminas el libro y te han dicho que no sólo el carpetazo, la forma de leerlo ha sido estupenda. Lees mejor que nadie. Y te lo dicen. Y tú sorprendes, desconciertas: te dan el premio de tu vida y tú estás tocando uno de esos instrumentos. Porque lo habitual es que vayas a un sitio, ése que está a tantos miles de kilómetros de distancia, te sientes con otra mucha gente que también ha leído su libro y al final te den el premio de tu vida porque “la forma de pasar página, su separador, cómo ha leído esa página 36 nos ha encantado”. Y entonces a ti eso te importa muy relativamente y sólo piensas en otra persona, porque a esa persona, que te animaba a seguir leyendo de esa manera, también le dirán que no hay otras manos como las suyas entre las dos tapas de su libro. Y entonces te das cuenta de que quizá sea mejor así y que sea ella la que se suba al escenario para que le digan que la forma de pasar las páginas suya, señora Hall, esas manos pasado páginas les ha puesto. Y así ella es la que acapara los ojos de los otros lectores o (algunos sólo eso) pasadores de página, que son además los que consideran que no ha habido nadie como ella para leer dando paso a la página siguiente. Piensas en ello y te sientes satisfecho. Y es que era eso lo que en el fondo perseguías cuando estabas leyendo tu libro. A veces ella era la que te pasaba las páginas una por una.

Pero tú no piensas si la gente se acuerda de ti cuando ella sube al escenario y recoge el mérito y ella te nombra y habla del libro (y de aquella escena mirando libros). Y tú entonces crees por un momento que si ella te nombra de la forma que te nombra, pues piensas “People will say we’re in love” (así reza uno de los más acertados títulos de esas canciones. De aquéllas). Y eso es en definitiva con lo que te quedas mientras cierras los ojos y tocas uno de esos instrumentos (a la misma hora pero a unos cuantos miles de kilómetros de distancia). ¿Es aquel tema que utilizarás cuando te dispongas a leer otro de esos libros, unos cuantos años más tarde? Piensas en ella, en que cuando acabe la actuación sea su voz la que escuches (¿esperabas oírla en el intermedio?) y te diga cosas. Y lo primero que te dice es que todos aquí (a esa distancia de tantos miles de kilómetros) están diciendo que te quiero. Pero eso a ti te importa menos porque ella ES esa noche, allí. Y tú aquí pero no importa. ¿Es bueno el champán?, le dices. Y ella se sonríe y tú le oyes cómo tararea vuestra canción. Colgáis. Tú coges y le limpias la boquilla a uno de esos instrumentos. Ella te ha dicho que esta cosa pesa un huevo.

martes, 4 de diciembre de 2012

Tú y yo





Somos dos. Cada vez que nos enteramos del título de tu habitual proyecto sin título nos da un vuelco el corazón. Ya llevamos así unos cuantos años. Varios. Desde que los dos tenemos uso de razón. El uso de razón comienza cuando tú nos haces pensar, reír y llorar con un par de tus frases. Los dos nos hemos enamorado o nos han dado ganas de enamorarnos cuando acababan tus películas. Digo mal. Cuando acaban tus películas. Los dos nos hemos identificado con tantas frases tuyas. Con tantas mujeres, hombres y viceversa que han dicho tus frases (porque una palabra tuya se basta por sí sola para dejarnos a todos en evidencia). Ninguno de los dos nos creemos que seas aburrido, ni que no sepas hacer bien los dramas. Ni que no hayas hecho ninguna obra maestra. Manda narices, mentiroso. Ninguno de los dos nos creemos que no te veas ya con Diane Keaton, o que Mia Farrow sea tan tonta como para dejarte, aunque eso, lo de que sea tonta, lo pongamos a veces en duda. Los dos te hemos envidiado muchas veces, como cuando quisimos ser los dos protagonistas de La rosa púrpura de El Cairo. A mí, desde ese día, siempre me ha parecido muy interesante traspasar la frontera de la pantalla de las mentiras. Y no te quepa duda de que hasta que no lo logre no voy a cejar en el intento (y vivir en B/W, y a ser posible con subtítulos). A los dos nos pareció mucha verdad lo que dijo Michael Caine en off sobre Hannah. A los dos nos parece buena idea escoger un día de buena lluvia para visitar un planetarium, a ser posible a última hora, y hacernos amigo del conserje, al cual pedirle apagar las luces y dejarnos un momento a solas y a oscuras. Pagando, si es necesario. A los dos nos pareció buena idea vestirnos un día como Annie Hall y tomarnos un preparado en la azotea de un edificio de Manhattan. Y probar a entrar a alguno de esos restaurantes. Y probar a ver si se nos ocurrían (esto lo intentamos cada día, a cualquier hora) más cosas por las que merecería la pena esta vida. Y ponernos a bailar el Chameleon. Y de ser Groucho Marx para sentirnos orgullosos de ti. Y tratar de no sentir la desesperanza (o era esperanza) que nos invade cuando encadenas con esas canciones los títulos de créditos finales y se acaba la película. Y ser tus canciones. Y tus monólogos. A los dos nos parece una buena idea tenerte presente cada vez que alguien nos pregunta cuál es la película que nos pondríamos esta noche. Y a los dos nos pone cada día más felices ver que nunca vayas a dejar de estar ahí, que nunca vayas a faltar a nuestra cita. Que nos hagas cada vez más tú y yo. Que nos ayudes a querernos.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Compañeros

Diane Keaton por Annie Leibovitz


Es que creo que ya te he dedicado alguna vez un post, pero es que me da igual, como también me da igual de quién fuera la idea de vestirte así en Annie Hall con la corbata y el aspecto andrógeno y postmoderno y eso. Eso, Diane Hall, o Keaton. Que la película se llamó así por ti, y no se me ocurre mejor forma que la de tu compañero de decir “te quiero”, porque tú te llamas Hall y no Keaton, que siempre pensé si sería algo de Buster Keaton, puñetera compañera. Compañera de tu director, compañera de reparto, compañera, que hiciste Rojos. Y tu compañero te hizo ganar esa estatua dorada. ¿Recuerdas? Porque no sales en Recuerdos, pero te imagino releyendo el guión con tu compañero, por la noche como cuando salís en Sueños de un seductor, que es y no es de tu compañero. Y Manhattan y Boris Grushenko y Bananas y Misterioso asesinato en Manhattan, de nuevo. Y más. Y antes de los Recuerdos acabaste con tu compañero y el cameo de Días de radio y el misterioso. Y hoy te imagino mandándole whatsapp pero no me imagino con eso a tu compañero. Me imagino escribiéndoos correos no electrónicos. Y salir al buzón de los correos.
Y la cara que pones en muchas fotografías en los años setenta son algunas de las cosas más deliciosas que puedo hacer para enamorarme. Mirarte. Porque no sé cómo lo haces. Tú no serás de Keaton pero alguna vez mi inconsciente me engaña y me dice “ahí tienes a la Hepburn”. Eres tan buena actriz que a veces no necesitas demostrarlo. No sé cómo demonios decirlo.

Comedianta.

lunes, 16 de mayo de 2011

El día que vaya a París...

Poster de la última película de Woody Allen, Midnight in Paris.

Me acordaré de todas estas últimas chicas famosas que me recuerdan a otras chicas, como lo hacen Julianne Moore o Natalie Wood, o lo haría Vanessa Paradis (aquellas chicas del pasado). Me gustaría pisar París, ya puestos en ese sentido, con Ali MacGraw. O con Norah Jones (chicas del presente, de futuro). El día que le dije a la chica que me recuerda a Norah Jones (en una fotografía sólo, me salió del alma), que es la misma chica que me ha dado una idea para escribir este post (sweetie pie and forever), esa chica me dijo que no, que no era para tanto, o algo así, me dijo, que ya le gustaría ser como Norah Jones. Un comentario a un comentario de su blog de terciopelo. (Insensata, le digo ahora, Norah Jones cantará mejor, pero nadie me escribe cosas como tú).

Me acordaré de todas esas chicas, precisamente por su ausencia, e imaginaré lo que habría sido visitar París con cada una, y entonces me llamaré tonto y miraré a los ojos de la chica que con un codazo me devuelva a la realidad. Y visitaré París y no creo que haya cambiado mucho el escenario donde Paul Newman coincidía con Louis en Paris Blues. O la rivera del Sena desde que todos bailamos y cantamos “Everyone says I love you”. O desde que en un falso fondo de pantalla alguien le decía a alguien cosas en inglés, antes de reencontrarse en un bar del norte de África. Y si algo ha cambiado haremos oídos sordos, porque nada es para siempre pero ya sabes tú y yo que París siempre nos queda.

Y el día que volvamos, porque a París siempre se vuelve, ya sea con Ali MacGraw, con Norah o con mi circunstancia, volveremos porque (Owen Wilson dixit, sosias de Mr. Allen,) allí nos encontraremos (caminando con la circunstancia como Owen Wilson en el poster de Midnight in Paris) con lo más bello del universo. Y seguramente llueva.

martes, 5 de octubre de 2010

...to me

No se me ocurre mejor manera (quizá sí pero seguro que no me llena tanto) de iniciar el primer año de esta segunda época del blog (más cinco años, siete meses y cuatro días de la antigua versión) y de hacer lo propio con un año más que nos cae (sí, cada vez más cerca de), que poner dos comienzos a los que les sobran los comentarios. Y porque hoy me doy un homenaje, pardiez.




viernes, 24 de septiembre de 2010

Lookin' for Allen

Woody AllenNueva serie de fotogramas-realité (¿valdría este nombre para llamar a este tipo de presentaciones? Seguro que tiene nombre, pero siento no saberlo). Como lo que haya detrás de Allen Stewart Konigsberg no sea Manhattan... vamos, que tiene todas las pintas.

domingo, 14 de febrero de 2010

Annie en Manhattan

Annie, Alvy y Rob. Annie Hall, 1977

Veo de nuevo Annie Hall, en la filmoteca. Diane Keaton me sigue pareciendo más que nunca Annie Hall. Alvy sigue sin entrar al cine (Face to face, de Bergman) porque ya ha comenzado la película (y da igual que sólo sean dos minutos de títulos de crédito. Y encima en sueco). Alvy sigue sin tragar Los Ángeles y camina siempre (me fijo. Como hago yo) por la derecha de su acompañante. Annie Hall empieza de nuevo con el monólogo de Alvy (“It’s an old joke…”) para explicar su teoría del amor con Annie Hall. Annie Hall sigue pareciendo ausente cuando Annie y Alvy se acuestan para hacer el amor. Alvy sigue confundiendo realidad y ficción cuando se pone a recordar su infancia y juventud (“el universo se expande”). Annie Hall sigue llevando esa corbata que le regaló (¿realidad, ficción?) su abuela. Jeff Goldblum sigue sin encontrar su mantra.
En el ciclo no vi Manhattan, que me gusta más aún que Annie Hall, pero me sigo acordando de su final y las armonías del Rhapshody in blue. Me sigo acordando de Tracy, del planetario, del B/N. Me sigo acordando de Alvy Singer y de Annie Hall en Manhattan.

lunes, 5 de octubre de 2009

Now's the time

Ha llegado el momento de reorientar el blog que comencé hace unos cuantos años, cuando nacieron en blogia las primeras jácaras reales. Hoy es 5 de octubre y el día en que voy a hacer que coincidan esta nueva etapa de jácaras y un año más en la cuenta de este servidor. El año que murió Louis Armstrong…

Mantengo
mi otro blog en blogia y ahí en los enlaces tenéis el camino que tenéis que seguir para perderos por ellos.

Yo sigo aquí, espero que por más tiempo del que me regale la inspiración. Espero que me sigáis soportando.

Para comentar, por ejemplo. Que en
la última película de Woody Allen hay alguna frase de las geniales, para variar. Que un solo segundo de Whatever works me vale la entrada. Que, como digo en la crítica de Filmaffinity, sigue dándome una inmensa pena cada vez que se termina una película de Woody Allen.

La misma que me da el cerrar el otro blog.