martes, 12 de agosto de 2014

Waiting for you

DEP

John Belushi y tú erais unos granujas, lo recuerdas, unos auténticos dioses, lo erais todo y os creíais todo, fueron los días (y las noches) en que alguien (siempre hay alguien para estas cosas) decidió cuál tenía que ser la última moda, que iba a ser en verdad la última para muchos. Y llegaban las noches y tú y John Belushi os creíais los dioses, y aquellas noches no se acababan nunca, hasta que una noche se acabó la moda para John Belushi y tú decidiste que esa moda no iba a molarte más porque se te había llevado a tu granuja favorito. Y ahí estuviste desde entonces. Desde siempre. Hasta hoy. Hasta anoche.

Hoy más que probablemente, en estos momentos, estés dando con John Belushi (un par de gestiones, porque para esas cosas tú sí que te vales) y ya estás con John Belushi. Belushi te ha mirado con esa cara de buena bestia y tú has llorado, lo sé, como sueles hacerlo tú. Y Belushi te ha dicho que no quiere mariconadas. Pero que te echaba de menos. Y qué se hace por aquí, le preguntas. Yo, esperarte, joder, esperarte, te ha dicho tu granuja. For so many years…

Y te has quedado un poco así porque no sabes a ciencia cierta a qué se refiere con esa frase. Waiting for you. Y os habéis quedado así un poco serios. Y tú has roto el silencio y le has dicho imitando a Marlon Brando (On the Waterfront) “Pude haber tenido clase. Pude haber sido alguien, en lugar de un vago, que eso es lo que soy, aceptémoslo”. Y os habéis puesto al día. Y le has hablado de tus tres o cuatro barbas. Y de algunas películas.  Happy days, le dices. Que no te iba mal. Y aquí estoy. Y entonces ha habido otro silencio porque John Belushi será una buena bestia pero tonto, no.


Y tú no has podido decirle nada. Nunca habíais tenido que deciros para saber. Y casi a la vez os ha salido un juramento. Juráis en hebreo. Asentís. Y tú ahí probablemente le dices lo gilipollas que fuisteis todos esos años. Y que no sabe además cómo están las cosas por allí. Mucho iphone y cosas pero nada. Y le hablas de todas esas otras mierdas. Y de que el mundo (my soulmate dixit) se nos está yendo a la mierda. Y de que a ti se te habían quitado las ganas de sonreír. Y qué quieres que te diga, y tal. Entonces la buena bestia de Belushi y tú os fundís en negro. Y ya no os veo. Ni yo ni nadie. Que nos jodan.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Las piernas y el jazz

Para correr hay que tener buenas piernas, como Annie.

Yo soy más de coger la bicicleta. Si vas en bicicleta no puedes ponerte cascos. O auriculares. Si te los pones, te multan. Te paran y te multan. Yo no veo más que gente que va en bici (llamarles ciclistas es otra cosa) que va escuchando lo que escuchen montados encima de una bicicleta. La ventaja que tiene mi soulmate, que es de las que se han apuntado a la mal llamada moda del runner (cuántos empezarán, y cuántos como ella entienden ya lo que es salir a correr), es que si vas a correr te puedes poner lo que sea, cascos o auriculares, y escuchar lo que sea. Esta música o la de más allá. Como yo no puedo ponerme música porque practico más la bicicleta, lo máximo que puedo hacer es decirle a mi soulmate, que para eso me lo ha mandado, una lista de la música que le valga para ir a correr. Comentada. Música de las nuestras.

El orden podría ser éste. Lo inamovible sería comenzar con uno de estos dos: O comienzas con Herbie Hancock y su Watermelon Man o con Horace Silver y el Home Cookin'. Con eso las ganas de correr no sé si se incrementarán, pero los pies te marcharán, como diría el Cifu, con swing por arrobas. Yo creo, vamos. No te habrás dado cuenta y habrá pasado, cuánto, ¿más de un cuarto de hora? Venga otro piano y por qué no Erroll Garner. Honeysuckle Rose, por ejemplo, te dibujará la sonrisa de paso. Y de repente lo que viene ahora en ese ipod suena a Sarah Vaughan, suena a ese Scat Blues en directo que te hará soltar un poquito más de adrenalina. ¿Te miran envidioso algún runner de los avezados al que acabas de superar? Pues ahora series de cuatrocientos y no encuentro nada mejor que el Ko-Ko de Charlie Parker. Si te falta aire, piensa en lo que respira el pájaro en ese solo interminable. Y si encuentras un instante, recógelo para ti. Puede venir Chet Baker con el I Fall In Love Too Easily si te tomas el respiro ahora. Cualquier Chet Baker. ¿Hay Chet Bakers entre los runners? ¿Y Billies? Aquí hay una, bien jovencita, del año 34; Eleanora Fagan canta por primera vez casi delante de un micrófono y en la sala de control alucinan con el What A Little Moonlight Can Do. Lo tarareas y ahora sí que te observan. Te salen gallos pero a ti, la verdad, te trae sin cuidado. Esto se acerca a la felicidad, si no es ella misma. Porque vuelve Sarah y con su versión, esta versión en directo, del Sassy's Blues, te lamentas de que nadie en cien kilómetros a la redonda sepa quién es Sarah, qué estás escuchando y qué te provoca ese damn it! que te sale del alma. Y es cuando te dices que ya no quieres ser cantante per se, que quieres ser cantante de scat. ¿Queda mucho? Lo que te hayas propuesto para hoy se te hace más llevadero con gente como Stéphane Grappelli y como Django Reinhardt, en quienes piensas casi cogidos de la mano cuando escuchas su Sweet Georgia Brown. Y va quedando poco y es cuando te sale el último vocal de la sesión: el Twisted de Annie Ross que te hace recordar el comienzo en bucle de los créditos de Desmontando a Harry. Y como lo mejor te lo dejas siempre para el final y tú tienes más cojones que nadie te preparas para otra serie de cuatrocientos, la última. Te mentalizas con Duke y su C Jam Blues y para cuando se va acabando el tema, respiras hondo porque viene John Coltrane con, como no podía ser de otra manera, su Countdown. Y aprietas los dientes, estiras los pies, elevas rodillas y tú en ese momento eres un saxo tenor que cuenta lo que te queda para terminar. Por hoy.

Y luego llegas a casa y mientras miras el Runtastic te propones que mañana repetirás lo mismo. Pero igual te lo pones en modo aleatorio.

sábado, 5 de abril de 2014

Clifford en Park Avenue

1945, Park Avenue, por Arthur Leipzig

Eso es Park Avenue. Me imagino caminando contigo por Park Avenue. Llueve y nos mojamos. Pero llueve y nos mojamos y no nos quitamos los auriculares, que compartimos, porque en modo aleatorio han sonado consecutivamente lo que tú y yo llamaríamos que ni a pedir de boca. ¿No se han inventado o qué los paraguas? Nadie en la calle se ha percatado o nadie ha salido todavía de casa. El chaparrón nos ha cogido de improviso. Son las tres de la tarde pero parece más tarde y nadie va por la calle. Suena I Remember Clifford y los dos estamos de acuerdo: cuando nos pongamos a cubierto o veamos un techo, una cornisa que no tenemos prisa por encontrar, nos dedicaremos a escribir la letra. Tú me ayudarás a que se diga en inglés.

Damn it, Dinah se nos adelantó.


sábado, 8 de marzo de 2014

El último Panero

Es Leopoldo Panero

Se muere Leopoldo Panero (“Ah tú la desesperación, la única lengua, la única vida” reza el primer verso de Erección del labio sobre la página) y se nos muere la familia Panero. Tres hermanos y la madre, la felicidad. Felicidad Blanc gana en 1976 el Fotogramas de plata a la mejor actriz por un documental. Y también Juan Luis, y Michi, y Leopoldo, que no podían ser menos. El desencanto, una obra maestra. Leopoldo María Panero. Tiempo de documentales. Portrait of Jason, homosexual africano amigo de jazzmen y jazzwomen; Mae West lives, Scarlett O'Hara en negro, anti-Mammy. Todo es Jason. Blanco y negro, grano, años 60, desconocidos los directores. De hombres y de mujeres. Y viceversa. Allan King filma en Warrendale a una docena de adolescentes con trastorno mental. Shirley Clarke retrata a Jason, que se ríe (no he visto a nadie descojonarse mejor de todos nosotros) del pasado con ¿es bourbon lo que hay en el vaso? y un señor canuto. Leopoldo Panero internado en el psiquiátrico del que salía para dar recitales (“Oh tú Robespierre, Seigneur de la muerte” dice en Himno a Satán). Más poetas. Mi alma gemela que se va a Cracovia a olvidarse del presente. Una asociación de polacos de Zaragoza dice que los polacos son los más latinos de los eslavos. Me acuerdo de Panero y voy a la Biblioteca y pillo también a Jean Cocteau (La corrida del 1 de mayo), cuya vida es otro documental. Me acuerdo de mi soulmate al leer lo que dicen de sí mismos los polacos de la asociación. Pienso que todo está interconectado, como si los polacos, los de la asociación, supieran que tengo un alma gemela de paso por Polonia. ¿Más poetas? Mi alma gemela últimamente me ha salido poeta. Lo de poetisa suena raro y no le pega. No queda mal llamar a una mujer poeta. Y cómo me acuerdo de mi alma gemela cuando veo y leo el título del libro de Panero. Y por la noche me pongo a ver Oh Boy. Eso no es ningún documental. En Polonia seguro que hay libros de Leopoldo Panero.