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martes, 7 de agosto de 2018

Líneas del Summertime


Escribo esta ¿carta? mientras espero a dormirme. Porque sé que no voy a dormirme y menos si no escribo esta ¿carta? Llamémosle líneas. Escucho de fondo a Sonny Rollins, que hace con el saxo lo que Billie con la boca hacía con el Solitude.


Sí, es cierto, yo también echo de menos leerte, que me leas, el contracto de las palabras. Hace tanto calor, Dios Santo.


Echo de menos tu letra, echo de menos tus caricias de jassitup, que a veces, como el apellido de Marlene, empieza como una caricia y acaba en latigazo (suave látigo el tuyo que sirve de rúbrica certera para un escrito-poema-lamento).


Ahora suena Billie. Laughing at life. Ja.


Cosas que decirte en público. Por qué no. Así se entera nadie. A menudo me pregunto, casi me cuestiono, si es lo mismo echar de menos y echar en falta. Como cuando piensas en alguien y su nombre te provoca un “ay” muy hondo. ¿Sabes?, ya no quiero dormirme pronto, no al menos hasta que haya terminado esta ¿carta?, estas líneas.


Billie nos une. Siempre está ahí cuando la necesitas. Tengo también un e-reader, pero desde hace un mes o menos (El Strange Fruit, Trump, fuck off).


Ya ni me importa que a mi Nexus 5x no le llegue el Android Pie. ¿Sabes?, escribir con alguien en mente mola. Seduce y activa las neuronas y más cosas. Casi, casi se me había olvidado.


Leerte. Nadie sabe lo que se pierde. Es como escucharte. Sin casi. Ese acento del Sur. Mayúsculas, por favor.


Hace calor. Y pensar en Billie. El tres en uno lo completas tú. Voy a soltar un “ay” al aire.


Y voy a intentarme dormir.


Zaragoza, mucho calor, más allá de la medianoche.

martes, 17 de marzo de 2015

Porque sí (Cifu, Maestro. Amigo)

Cifu al lado de Tete, fumando, como Dios manda. DEP

Me entran ganas de llamarte Billie Holiday y tú me dices Lester Young hoy esta noche y tú dices tampoco te voy a besar pero te quiero lo sé y tú y yo nos vamos a llorar esta noche me entran ganas de llorar contigo Billie Holiday me entran ganas de callar solos a poner ese disco hasta rayar en radio un disco rayado me pone el surco chas porque sí vamos a rayar ese disco que grabaremos mañana no time to cry he llorado en silencio como Cary Grant en Sólo los ángeles tienen alas lloraremos dices tú no sabes llorar a mí me hicieron llorar so many times por eso me llamo Lester Young tú tampoco me besarás esta noche tú y yo lloraremos esa lágrima salada porque sí te llamaré tú dirás It's that sly ole son-of-a-gun again yo diré Son of a gun again contracanto tú te liarás eso llorarás Son of a gun again no sobran motivos y no me besarás esta noche no hay luz ahí fuera apagamos la luz y nos miramos sacamos blue moon esta noche la raya del disco hasta que la noche se acabe tú acabas mi soledad esta noche porque sí digo y who cares so what fuck tampoco te voy a besar jazz quiere decir no te voy a llorar esta noche era besar la raya del disco fuck tú y yo esta noche lloraré Son of a gun solamente tú y yo somos tampoco te voy a besar y rayas fuck Cary Grant me llamas y Son of a gun porque sí.

martes, 26 de noviembre de 2013

Untitled

¿La foto?

Un día tú y yo haremos una película. Esa película que un día tú y yo haremos comenzará con una fotografía de la cara de Billie Holiday. Y con uno de sus lamentos. El resto de la película puede que hasta sea muda porque para qué decir más si ya lo ha dicho todo quien tenía que decirlo todo. (¿Y todo será una improvisación, como alguna película de Cassavetes?) Y en esa película, además de hacer callar, le enseñaremos al mundo esas cosas que merece que le digan al mundo, a la gente, a cierta gente. A ésos. A los de siempre. A esos hijos de la gran puta. En esa película que un día tú y yo haremos habrá una mujer y habrá un hombre en la cama, mucho tiempo, todo lo que nos apetezca (alguien ha dicho hace poco que “Necesitamos más besos, más abrazos, más polvos... y menos gramática”). Y como en aquella canción de Nina Simone, ella le dirá a él Don't smoke in bed. Pero él no le hará ni caso y sacará un cigarrillo tras otro (ahí puede entrar una música de fondo mientras la cámara enfoca el humo y la pared. Elige tú la canción). Cuando no saquemos a esa mujer y a ese hombre en la cama (¿los dos son negros, como en aquella película de Cassavetes?) los sacaremos en la calle. A deambular. Se pelean, se besan, se acarician y la gente los mira. Si quitas el blanco, el negro y el gris infinito, no habrá más color en la película. La película que un día tú y yo haremos no tendrá título, por joder, más que nada, y la tendrían que estrenar donde viene el nombre con un espacio en blanco. O en negro. Los títulos de crédito se los copiaríamos a Persona. Bastante. Y los pondríamos a mitad de película. Esa película que un día tú y yo haremos durará de cuatro horas a cuatro horas y media, y en buena parte de ellas nos tomaremos nuestro tiempo para dedicársela como nos dé la gana a John Coltrane, a Martin Luther King, a las tetas de Marilyn Monroe, a Bob Kennedy, a su hermano, a Charles Mingus, a los ojos de Lena Horne, a Thelonious Monk, a Errol Garner, a Ella Fitzgerald, a Max Roach, a Duke Ellington, a Quincy Jones, a Dalton Trumbo, a los diez de Hollywood, a Billie Holiday y a la madre que la parió, a Cole Porter, a Hattie McDaniel, a Félix Romeo, al perseguidor, a Allen Ginsberg, a Antoine Doinel, a François Truffaut, a Sammy Davis Jr., a Seymour Cassell, a Gena Rowlands, a Harpo Marx, a Diane Keaton, a Jean Luc Godard, a Louis Armstrong, a Paul Robeson, a Count Basie, a Jack Kerouac, a Truman Capote, a ti, al final de Manhattan, al final de Casablanca, al whisky, a París, al último tango en París, a Fred Astaire, a James Stewart, a John Wayne, a John Ford, a Yasujiro Ozu, al humo en el cine, a la gayata de Charlot, a Escarlata O'Hara, a Tara, a Cary Grant, a Billy Wilder, a Lauren Bacall, a John Lennon, a Charles Bukowski, a Spencer Tracy, a Katharine Hepburn, a Bette Davis, a Nat King Cole, a Bessie Smith, a Lester Young, a Django Reinhardt, a Benny Goodman, a Charlie Parker, a Dizzy Gillespie, a Chet Baker, a Gloria Grahame, a Thomas Mitchell, a Walter Brennan, a Thomas Mann, a Buster Keaton, a Ingmar Bergman, a John Cazale, a George Gershwin, a Peter Sellers, a Janis Joplin, a Lou Reed, a Tom Waits, a Pepe Isbert, a Kieslowski, a Monty Clift, a Donna Reed, a Jack Lemmon y Walter Mathau, a Lubistch, a Greta Garbo, a Günter Grass, a Henry Miller, a Kim Novak, a Margaret Dumont. Y ella escribirá the end con el carmín de color rojo en el espejo del baño. Ella se parece a ti. Ideas para terminar la película: la cara de ella (puede que ella sea quien sostenga la cámara) en el espejo mientras suena algo: existe una versión de Nina Simone del Ne me quitte pas.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Jesucristo

Yo

Soy Lester Young. No soy el Lester Young que todo el mundo conoce, ese Lester Young que está muerto. Pero yo también me llamo Lester Young. Y tú, que te llamas también Lady Day, aunque tampoco eres la Lady Day que todo el mundo conoce y que también se murió. Tú eres Lady Day. My lovely, o my Darling. Los dos, ya digo, nos morimos casi a la vez, ¿te acuerdas? (¿Pero no habíamos dicho que no somos esos Lester Young y Lady Day?) Era 1959. Nos fuimos cada uno por su lado. Y te extraño. Como se extraña una canción que no tienes metida en el ipad. Ipad. Olías muy bien, eso nunca te lo dije lo suficiente. Lady Day. Y de la noche también eras mi señora. Señorita. O qué. Si fuéramos en verdad yo Lester Young y tú Lady Day, tú te pintarías por orden de algún fascista de betún porque si no no cantarías en su club. Y yo tocaría en otro club pero en cuanto pudiéramos nos mandaríamos un wasap, oye cuándo acabas (recordar que no somos esos Lester Young y Lady Day ni estamos  en el año 42, por ejemplo. Ni yo mismos sé dónde estoy ni dónde estás tú, por eso te mando el wasap). Y yo cogería el metro si ¿hay metro a esas horas? Y nos vemos en el bar. El bar. Y tú me tocas el saxo, la funda, lo sacas y lo tocas. Y hueles muy bien, eso viene antes de no decirte que me beses, porque tú y yo nunca nos besamos (Bueno, aquella vez en que después nos reímos y reprocharnos ese "¿nos hemos besado?" Damn it, Young boy. Young boy). Y tú pones algo en el jukebox. En realidad ese bar no tiene jukebox en 1942, pero es que hace falta repetirlo, no estamos per se en 1942 ni tú eres Lady Day ni yo Lester Young. O sí. Cantas esa canción del jukebox, mejor que quien canta esa canción del jukebox. Y me dices que la tenemos que grabar con el grupo. El grupo de 1937, que ya no nos vemos ninguno. Qué fue de Buck. Hueles muy bien, pienso, porque yo soy, repito, yo soy Lester Young. Y no creo que te acuerdes del día que es hoy, porque tú para eso de los cumpleaños, ya sabes. Hasta me dices que si es el tuyo, cuando te pregunto si no sabes de quién es hoy el cumpleaños. Lo dices así, con toda la cara del mundo y una copa de alcohol, que si es mío el cumpleaños. O sea, el tuyo. “¿Es mío el cumpleaños?”, dices. Estamos en 1942 y yo te digo que hoy cumplo treinta y tres años. Coño, la edad de Cristo. Eso dices, Jesus Christ, exclamación. Y ahora eres tú quien me dice my Darling, y my lovely y my Press. Y te aprietas y yo siento tus tetas y me das un beso. Damn it, Lady, what have you done (recordar que no somos Lester Young ni Lady Day ni estamos en 1942. En 1942 no hay ipad ni wasp, pero sí jukebox). Y yo digo eso pero también te beso. Y digo damn it y más cosas. Porque tú y yo, salvo aquel beso, no hemos hecho nada, solamente amarnos. Damn it, digo y te beso. Nos besamos. Nada más que nos besamos. Y dices Jesus Christ mejor que nadie lo haya dicho nunca, en la vida. Ni Pilatos. Y me llamas Jesus Christ, sin exclamación ahora, me dices que yo soy tu Jesucristo. Y me quedo pensando en que soy un Jesucristo negro. Habrá que registrar la patente. Por si eso. Por si un presidente negro, o así. Y me llamas también Press, porque para ti, me dices, soy el hombre más importante de los Estados Unidos. Y ahora de la creación, me dice, Jesucristo. Negro, apuntillo. Y sacas el carmín y escribes una jota en mi frente y sacas el ipad y me haces una foto. Y una pe también. Y te pones un poco en los labios. Cuando nos levantamos y nos vamos (dónde nos vamos), queda la marca de tus labios en el vaso de alcohol. 

viernes, 8 de febrero de 2013

War

En ese concierto (Esquire All Stars, 1944) el contrabajista Oscar Pettiford contaba con 21 años. A su lado, Billie.

Querida Ma. Hoy he tocado con Louis Armstrong. Y con Billie Holiday. Y con Benny Goodman. Coleman Hawkins me los ha presentado. Son como nos los imaginábamos en casa. Habremos estado solamente, cuánto, media hora lo más antes de empezar el concierto. Hablando casi todo el rato. Pero te aseguro que ha merecido la pena. Nos han dicho antes de empezar que dijéramos unas palabras sobre la guerra. No te imaginas. Allá por casa no hacemos estas cosas. Yo por lo menos no las he visto. Ni tú ni papá. Bueno, a quien hablaban era a Louis, a Billie, a Benny Goodman. Bonos de guerra se llama. Teníamos que dejar claro que la gente tenía que comprar war bonds (Louis Armstrong ha hecho una broma a propósito: “no Ward Bond, but war bond!”). De hecho, creo que al concierto sólo se entraba si se compraban bonos de guerra. Bueno, el caso es que hemos empezado y sabes qué, ¡yo era el único contrabajista de la noche! ¿Sabes que me han hecho varias propuestas? Ojalá lo hubiera hecho Billie Holiday. Esa mujer tiene algo.

El concierto ha sido fabuloso. No sé cuántas veces habremos puesto esos temas en el gramófono de casa. ¡Estaban todos! Te mando una foto. Sí, esa cara de tonto se te queda cuando te toca al lado de Billie Holiday. Y díselo a papá, es más guapa de lo que parece en las fotografías. ¿Las banderas? Ésas son unas pocas. Todo, y cuando digo todo es todo, todo el auditorio estaba inundado de barras y estrellas. También estaban las de los países aliados. Hasta la china, ma. ¿Sabes?, una de las chicas de guardarropía me ha contado un chiste buenísimo. Hablando un poco de la vida y tal, va y me dice: “¿sabes qué mujer me gustaría ser? La viuda de Hitler”. Todo es muy patriótico, ma. Es distinto de allá en el Sur. Cuando le he dicho a la chica que éramos de Okmulgee y que éramos de la tribu de los Choctaw me ha mirado raro. Coño, no sabía que había hermanos indios. Creo que le he gustado un poco. Dice que algunas noches se va de voluntaria a un sitio que se llama Stage Door Canteen. Es un sitio, me dijo, donde van soldados y marines de permiso a bailar y tomar una copa. For free. El orden a veces varía, ven a las chicas voluntarias y directamente se olvidan de la copa. Ella dice que también van chicos negros. De Oklahoma, dice, y que les llaman así, por el lugar de procedencia. No hay Pauls ni Mikes ni Jonhnys. Sólo Californias y Dakotas. Y lo mejor de todo, te atienden estrellas de Hollywood. O sea, ma, que de buenas a primeras te puede servir una copa nada menos que Katharine Hepburn. ¿Imaginas a papá? Es para pensarse el ir a darse una vuelta por allí; nos han dicho además que suelen invitar a tocar a bandas de jazz. Me he quedado con un “Allí te espero”, me ha guiñado el ojo y me he ido a tocar.

Ma, guarda la foto bien. Pronto iré a veros. no os preocupéis por mí. Os quiere Oscar.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Brother (where are thou?)

Stan Getz y su hijo Steven en la foto de la portada de Stan Getz plays

Si tú estás enamorada de Lester Young, que lo sé y no te culpo, porque tú con Lester y yo con Billie no podemos hacer nada más que amarlos en la distancia y en el tiempo; si te vuelves loca cuando Lester y el contracanto a Billie en las grabaciones del 37; si tú y yo nos morimos por ser Lester y Billie; si por más que lo intentemos no encontramos nada que pueda mejorarlo; si nada puede hacerte cambiar de opinión, y ni ganas que tengo, entonces poco puedo hacer, Lester forever, salvo que te pongas a escuchar esto.

East of the Sun (and West of the Moon) by Stan Getz on Grooveshark
 

Y luego me dices si era un blanco o un negro y mira que esas cosas a mí me la traen al pairo y lo que acaba de sonar enamora igual que si lo tocara Lester, porque de versiones de este tema, dos, la del blanco y la del negro, y hoy te he puesto la que no es del negro. Y el blanco este que cogía y se crecía con el East of the sun les volvía locos a los negros del jazz porque Dizzy le quería y Miles le dijo que “te quiero para mí” y para mí que le quería, sé que puede sonar raro en Miles, pero; y Sonny Stitt se picó con él de manera bop en una sesión de Dizzy, y al final se rendirían o no pero seguro que se querían, y Ella le quería y la bossa nova le quería y la voz de Astrud Gilberto… no voy a decir aquí lo que hizo con el saxo de Getz la voz de Astrud Gilberto.

Y le dijo a Tony Bennett “cántame un poco”. Y se fundió con Bill Evans. Y se rodeó de cuerdas. Y se vino a Europa. E hizo unas cosas en su vida, además de tocar así el East of the sun, unas ésas, otras las buenas. Y unas cuantas veces. Y se fue y no nos enteramos porque parecía que ese tío no se nos iba a ir nunca. Que aguantaría y que no se marcharía. Pero sí que se fue. Y se fue pero con la sensación esa de que volverá mañana. De que se ha ido a por tabaco, de que una vez más ese chico nos está tomando a todos el pelo.

lunes, 23 de julio de 2012

So black and blue


Sobran las presentaciones

Tú y yo hoy nos vamos a ir de farra. Pero no te creas que nos vamos a un sitio de ésos. Tú y yo nos vamos a un sitio de los remilgados, ya sabes, los sitios a los que van los de siempre a oír lo de siempre y vestidos como siempre. Ésos. Pero hoy, fíjate, hoy vamos a profanar ese sitio. Nos vestimos de negro, con el alma de un negro. Quiero decir. Tú eres Billie y yo la sonrisa de Louis. Tú cantas y yo te sigo (pocas veces, ¿una, dos? cantaron juntos Lady y Satchmo, pero hoy tú y yo somos ellos y nos vamos a desquitar). Nos vamos al templo de la música seria (como si nuestra música no lo fuera y nos van a mirar raro simplemente porque no somos como ellos. Damn it, ya sabes.)

Tú eres Lady, yo soy tu Louis. Y estamos en el Carnegie Hall. El sitio, ese sitio. El sancta sanctorum de las músicas. Y lo dejaremos de aquellas maneras, ya verás. ¿Empiezas tú con el What a Little moonlight can do? Sabes que me deshago cuando cantas eso. Puñetera. Observo desde el lateral, saco el pañuelo, sentado en la silla que me acompaña desde que me subo a tocar la trompeta encima de cuatro tablas mal puestas. Esto no lo son, esto es el Carnegie, nena. ¿Te acuerdas de los sitios a los que que tuvimos que subirnos? El público, los que nos miran, están ahí; pero a los nuestros, aunque no los veo, les oigo, les escucho sus yeah man. Les oigo so excited, en el templo de los blancos, en el lugar donde nunca antes nadie habría imaginado que pisaran nuestros pies negros. Y todo eso, pensar en todo eso y tantas y tantas cosas nos da ganas de gritar con más fuerzas y de sentir más adentro todavía lo que decimos y de que yo apriete más los dientes y tú les arrebates el alma a todos los que te están escuchando. Sí, Lady, creo que hoy vamos a triunfar.

Qué sigue, yo con el When you’re smiling. Quédate cerca porque te necesito, sabes que te necesito siempre. Y te dejaré la voz cantante cuando coja la trompeta. (Y con tu voz provocarás pleitesía y alguno y alguna no dormirá esa noche porque te han visto a ti). Y seguiremos, tú con el Strange fruit y yo con el Black and blue y todos escucharán lo que cuenta la letra de ambas dos y ¿se preguntarán?, no sé si les removerán (What did i do… to be so black and blue). Y seguiremos con ello toda la noche porque no vamos a parar y detrás de una irá la otra y la silla me vendrá muy bien y nos sentaremos lo que haga falta y cerraremos el garito del Carnegie (¿sólo quedan los nuestros?) y nos iremos de allí y no sabremos si es mañana o pasado y tú te llevarás mi trompeta y más cosas que ya no son mías desde el día que te conocí, eres mi Lady, cerramos el Carnegie y un día más seremos los dos so black and blue.
When You're Smiling by Billie Holiday on Grooveshark

lunes, 18 de junio de 2012

Repeat


Un contrabajo que gemía

Que sí, que estoy escuchando otra vez (y cuántas veces escucharemos nuestros clásicos y cuántas veces lloraremos) el Goodbye Pork Pie Hat, porque tengo que escuchar algo de Charles Mingus (¿me lo pongo en repeat?) y escribir algo de Charles Mingus y si encima escucho el Goodbye Pork Pie Hat, la miel y las hojuelas. Porque el Pork pie Hat es el sombrero de Lester Young y Lester Young soy yo y tú eres mi Lady Day, quedamos en eso. Y escucho a Charles Mingus aunque todos lo llamamos Charlie y escribo un post en forma de remedo de uno de esos temas suyos de caótico orden, aunque ese Goodbye Pork Pie Hat es un blues de los que gusta tocar, cómo me gustaría a mí tocarte, tenerte, Pork Pie Hat. Repeat. Repite cinco veces Mingus y la imagen de Mingus os aparecerá en la pantalla del ordenador. O gemid Ah Um y sabrás tocar el contrabajo como en el Pork Pie Hat. Aviso, serás Charles Mingus.

(Y se murió Lester Young. Y Charles dijo damn it y luego le compuso un hasta luego).

Dije el 20 N: ¿los del balcón sabrán quién eras, Charles? Seguirán sin saberlo. Seis meses de mierda después. ¿Han escuchado alguna vez? Así, en general, ¿han escuchado? Ah Um, gemid, o repetid Mingus cinco veces. Desaparecerá la visión del balcón.

Tijuana, México, Mingus. Cuernavaca, la muerte de 1979. México le guardó de la vida. Guárdanos a nosotros de la nuestra, Sir Charles.
Goodbye Pork Pie Hat by Charles Mingus on Grooveshark

martes, 1 de mayo de 2012

Un día eterno

Billie creo que no necesita presentaciones.

El día que aquí se acaba de terminar era el Día mundial del jazz. Como el día no se ha terminado allí donde nacieron el jazz, todavía podemos celebrarlo. Cualquier día es el mejor para celebrarlo. Para mí que es un día eterno, que empezó hace ya unos cuantos años. Y lo comencé con Ella seguramente. No fue mal inicio. Lo quiero continuar contigo, porque sé que te gusta Billie y porque debo una: tengo que escribir y dedicarle un post al Stormy Weather. Dicho sea de paso, a Billlie le oí cantar el Stormy weather antes de que oficialmente-me-gustara-el-jazz. El disco tiene un salto en esa parte del acetato. Era un disco. Y cada vez que la aguja lo franqueaba se oía poc, poc sobre la voz todavía más rota de Billie. Ni por ésas tuviste suerte.
El Stormy weather. El día se está acabando en unos lugares mientras en otros durará hasta bien entrada la madrugada. Como para no hacerlo y no celebrarlo. Creo que esta canción será una excelente banda sonora.

Stormy Weather by Billie Holiday on Grooveshark

lunes, 9 de abril de 2012

God bless the child

El sábado 7 de abril Billie Holiday hubiese cumplido 97 años. Para mí los ha cumplido.

9 de abril de 2012. España. 20:52: ¿Estás ahí? Perdona que no me acordase el sábado (a partir de ahora tendré que marcar otra fecha en el calendario. Tengo que borrar alguna. Ya sabes, la vida y tal; así que me viene bien añadir la tuya).

20:54: Se me hace muy complicado olvidarte. Porque casi siempre te me apareces en algún momento, así, sin avisar (y me desgarras, puñetera, siempre fuiste mi puñetera preferida).

20:57: Sólo te faltó conocer a Gardel. Tú tenías alma de tango.

20:58: A veces me parece que estás más guapa de lo que me merezco.

20:59: Qué cojones hacía cuando no estaba enamorado de ti.

21:01: Tengo una foto tuya ahí arriba y te estoy mirando. Con tu permiso, sigo.

21:02: Se me hace extremadamente difícil hacerle un regalo a alguien que de manera invariable me hace llorar, sonreír, sufrir o callar en el intervalo de tres minutos (pu-ñe-te-ra).

21:04: Estoy enamorado.

21:09: Aquellos clientes.

21:10: Cántame un blues.

21:11: Si yo soy Press, tú eres mi Lady, y las luces se apagan y la gente se va, y comienza a sonar el piano.

21:12: Sólo somos unos niños. God bless you.
God Bless The Child by Billie Holiday on Grooveshark

lunes, 12 de diciembre de 2011

Waiting for the memories

Judy is waiting

Hay que sumar doce días a los doce que llevamos de diciembre para comenzar a decir merry christmas y happy new year. Antes suena a comercial y a Corte Inglés. Finamente llamado calentar motores. Hasta el 24 de diciembre tras la cena más buena del año no doy inicio al ritual de comer el primer turrón. Sí, lo sé, decidme raro. Tampoco soy de anticipar lo que se llama Christmas Song antes de tiempo. Hasta ahora me parece un mal momento para ponerme este tipo de cosas, hoy que hay que sumar doce días a estos doce. Pero las circunstancias mandan y obligan, más bien sugieren y me piden que hable de jazz y de navidad. ¿Ya llegó la navidad? Las fiestas que celebran hasta los que no creen y hasta la gente mala, que de Mr. Scrooges está llena la vida, tu vida, a que sí.

La vida no es un cuento de navidad, por lo que hay que hacer un esfuerzo y recurrir a los manidos tópicos más típicos del 24 en adelante. Turrón, zambomba (no conozco a nadie que tenga zambombas) y el belén. El árbol, ese invento típicamente americano, el belén, typical spanish, que tienen en sus casas hasta los que no creen o creen no creer. Poca diferencia entre lo que cantamos aquí y lo que nos trajeron los americanos (¿a partir del plan Marshall?). Bueno, sí, que aquí daban mamporros al pequeño tamborilero diciendo que era una obra de arte, aquél que era con una ph en lugar de efe. Allí cantaba Ella Fitzgerald, y Bing Crosby, y Mel Torme, y Louis cuando regresaba a casa (Nueva Orleans) por navidad. Como que sabían lo que se hacían. Ahora la cosa ya es otra. Diana Krall y tal. O ese ser llamado Michael Buble. Ventajistas. Puestos, prefiero imaginar el villancico que nunca cantó Billie. Prefiero que Judy Garland, que (se me acaba de ocurrir) era lo más parecido que hubo en el cine a Billie, me recuerde de nuevo (no lo vemos, pero Judy sigue ahí cada año a la espera de que alguien se acuerde de ella) unas merry little Christmas. Prefiero que gente negra cante navidades blancas. Prefiero que llegue el día 24 para empezar los rituales y acordarme de las dos o tres personas de las que me acuerdo a partir del día de navidad.
A partir de ahí, a volar.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Hush, little baby

Far away, (c) Mike Benny
Tiene cosa el Summertime si todas, casi todas, las versiones que conozco tienen en sí mismas una connotación llamémosle X. La canción en sí misma es una nana, pero cosa tendrá si la trompeta de Louis le introduce de tal modo a la voz como lánguida esta vez de Ella Fitzgerald. Ya lo sé, la idea es dar la sensación de esa modorra en que te sume la canícula, que es una expresión con connotaciones también. Es una nana o lullaby, pero lo que canta Ella parece otra cosa. O ya no te digo lo que dice Louis. Y ya no te digo si traspasamos el umbral y Janis dice lo mismo pero no es lo mismo. Es decir, quién le canta una nana a quién y por qué. Será una lullaby pero con nota. Porque mira que la cantó Dios esa canción que hasta el menos indicado la cantó. Por qué será. Y con todos será una lullaby pero hasta Coltrane la exorciza y esa letra X aparece en la palabra a la que conduce esta canción veraniega qie no del verano. Vaya lullaby.
La culpa de la connotación quizá no la tuvo ni George y menos Ira Gershwin, que la letra fue de Du Bose Hayward, y además porque queda dicho que sólo compusieron una lullaby (más connotaciones, negras: negro bebé, estamos en el Sur, tu padre es Porgy and Bess. Es la verdadera connotación, pero este blog lo escribo yo) pero si la canta un negro (y Janis rabiaba también captándolo) la connotación se me hace tan evidente que hasta dudo de quién se la canta a quién y dónde. Y por qué. Janis se lo cantaba a un campamento de iguales. Amplio, abarrotado de ganas de. Louis se lo decía a Ella y Ella se lo devolvía a Louis. Nunca se ha dicho si hubo algo entre ellos dos. Maneras de cantar. Y Coltrane desgrana en estos momentos en que escribo su propio Summertime, esos acordes de McCoy. Y descubro la voz de Billie y entonces tengo que replantearme tantas cosas. Porque a quién le canta Lady Day. A quién le decía so hush Little baby Lady Day.
Si aquello sólo era un blues…

lunes, 17 de octubre de 2011

You, you, you

Una vez más ellos tienen que venir

Night and day pienso en ti, aparte de que es una de las cosas más hermosas que se pueden decir, es algo que cada cual le dice a su one y yo no quiero ser una excepción. Night and day le decía Cole Porter a su esposa y a otra persona más masculina. Desconozco a quién de noche, a quién de los dos de día. Night and day se lo puede decir cualquiera a quien quiera, que para eso se hizo el amor. Night and day le diré yo a alguien no a mucho tardar. Night and day le cantó Lady Day a quién, me digo yo, Lady Day and night, sin recibir ningún cariño de vuelta. Night and day se lo cantó Fred Astaire a Ginger, a quien jamás osó besar, un night and day eterno en B/N. Night and day jugaba Sonny Rollins con esa canción sin apenas exponerla. Tantas noches en el Village. Night and day cantó Ella, como quien no quiere la cosa, como si cantar esa canción fuera la cosa piu facile del mondo. Night and day, you are the one, beneath the moon or under the sun. Quede claro que no cuentan los días nubosos, porque esos son los días malos que todos tienen, me and you too. The one.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Brother Lee (ficción)

Lee Young, drummer and brother

Me imagino que soy Lester Young. Pongámonos en el caso, si alguna vez alguien me llamó Prezz y yo no me negué al título, sino que al contrario me gustó la etiqueta, porque Lester tuvo una vida que me hace identificarme de alguna manera. Pongámonos en el caso y soy Lester Young, aunque me falte una Lady Day. Soy Prezz, o Lester y estoy por fin en el Olimpo, es un decir, de los dioses, porque ya sólo tocaré con mi Lady una vez más, allá por el 57. Con el poco pelo que me queda. Estamos pues en el 57 y yo me pongo contento y no sé qué hacer sino que correr e ir rápido a decírselo a alguien. Tengo que comentarlo, Lady y yo, una vez más, Lady Day que nunca toqué, pero para amar no es necesario tocar, sólo mi saxo y Lady su voz, si se puede tocar la voz de un genio como Lady fue. Lady and me, año 57, después de tantos, en que yo no la olvidé y Lady tampoco, lo sé, y mira que quise descolgar ese teléfono unas cuantas veces. Pero hoy me llamaron y me dijeron, ahí estará Lady Day, en un set de televisión, otros músicos y tú, pero a mí lo que me importaba no eran los otros, sino que estaría Lady Day. Y de llamadas y teléfonos va el día porque a alguien le tengo que contar. Y cojo la libreta, la dejo después porque en definitiva tengo que decirlo rápido y ya, y no pienso mucho, descuelgo el auricular y llamo a mi hermano. Y le cuento que Lady Day otra vez, pero no otra vez, me dice mi hermano, hace cuánto tiempo que Lady y tú no lo hacéis. Pienso para mí y le miento, no, Lee, creo que no te acuerdas que hace un par de años. Miente otra vez, pensará mi hermano Lee, y le comento que  estaría que viniese él, mi hermano Lee, a tocar con nosotros, total no me acuerdo casi ya de los otros, nombres sonoros pero mi hermano ante todo, y le comento que venga él a tocar esa batería, y mi hermano Lee me dice que él ya no está para esos trotes, me dice, man, tú no ves cómo han cambiado los tiempos y el tempo, tú sabes que yo no doy para el bop, y qué más dará, si tocaste con el King Cole, le digo yo y le convenzo para que venga a tocar con nosotros, Lady Day y los otros, ese día. Te verán por televisión, más gente de la que nunca nos vio en toda nuestra puñetera vida. Lee se lo piensa y accede, pero yo no lo veo muy convencido. Y pienso que ésas son las cosas que se hacen por los hermanos, pero no lo digo, en ese segundo en que calla antes de que me diga que sí.

Y llega el día que me re-uniré con Lady. Y somos los primeros en llegar mi hermano y yo. En el estudio de grabación aparte de las cámaras y el personal difuso, como siempre ocurre en estos set, que nunca sabes a qué se dedica cada quién, quitando a esos operadores de cámaras, en ese estudio hay una silla en una esquina, y mi hermano Lee se sienta en ella y no sabe que el resto del tiempo hasta que se apaguen las luces y se acabe la sesión allí se quedará mi hermano Lee. Porque como se temía él pero no yo, porque yo sabía quién eran los otros a pesar de que sólo me importaba Lady, había un batería asignado de antemano, y un trombón, y el pianista, una trompeta y otra más, y un bajo y hasta un guitarra. También estaba el bueno de Ben Webster, y Hawkins. Y entonces apareció Lady y yo me olvidé de todos y, Dios me ha perdonado (me lo dijo personalmente poco tiempo después), me olvidé sobre todo de mi hermano Lee, al que traje engañado (aunque yo creo que aun a sabiendas del engaño quiso venir porque quería ver a Lady. Todos los hermanos tenemos cosas en común, fuera de la semejanza física o los defectos. Y Lee también miraría mucho a Lady, desde esa esquina en que la oscuridad era completa gracias al color de nuestra piel, esquina que pareció ser concebida para mi hermano Lee). Y allí cantó Lady, y allí no había más que Lady, porque estábamos los otros, sí, pero cerca del olvido, y mi hermano Lee era la misma palabra olvido. Y mis ojos brillaron. Y Lady cantaba. Y mi hermano me dolía porque no pudo ser parte de los otros. ¿Alguna vez le dije a Lee cuánto le quería? Y pareció que Lee aguardara eternamente su turno apartado en esa esquina. Y con él juntos todos en su mente, el King Cole, su hermano Prezz, nuestra Lady. Y le quise decir al salir a mi hermano Lee que nos acompañara a Lady y a mí. Pero no pude más que mirar a Lee y callar porque Lady ya me cogía del brazo y la noche sí que iba a ser eterna. Y entonces le rogué a Dios que me perdonara, otra vez me perdonara.

lunes, 8 de agosto de 2011

Sabes lo que es, ¿verdad?, y por eso compusiste poco y compusiste eso, mejor sin saber leer como tú una nota del pentagrama (nota que sería blue note), que es mejor que no saber leer la letra, y peor aún el espíritu de una canción. Por eso, Billie, una vez más te digo, me enamoro si dices como dices Strange Fruit. Y tú lo sabías, sabías lo que significaba la cosa y por eso compusiste, poco pero acertabas, y la gente tuvo que oírlo, esa gente (que lo oían y la sonrisa de mirar para otro lado), aunque mejor sería decir que a ti se iba a verte, y ellos apechugaban, aunque no quisieran apechugaban, porque iban a verte cuando ya no te tiznabas con betún (recuerdas al principio, cuando te tiznabas de betún y parecer más nigger). Y llegó un momento en que guardaste el betún pero eso no quería decir que lo que cantabas en esa canción (y en el resto, pero eso ellos no llegaban a entender, tú cantabas lo mismo Strange Fruit en ésa y en todas tus canciones), no quería decir que guardando el betún se acababan tus problemas. Los problemas. Y entonces ellos tuvieron que seguir apechugando mientras al salir del local le miraban mal a tu gente (si miraban) y en el autobús no había nadie detrás sino nigger. Strange nigger.

¿Qué era, 1940, 45, 49? Hoy he descubierto una Nina Simone que también te cantó el Strange fruit. Strange tune. Hoy lo tengo claro, que Simone se acicalase en el camerino pañuelo, cabello y moño, moño afro, y luego el escenario. Y en él decía también que no. No, no, no. Goddam. Simone I loves you Porgy, pero también Simone caring for all of you. Corría qué año, ¿aún los 60? Goddam. Y Max Roach, y Albert Ayler y Roland Kirk, te acuerdas de Roland Kirk, todos gritaban Free, Goddam. Free for all. Qué podíais hacer unos pobres músicos por todos vosotros si Revolution will not be televised, Gil Scott Heron said. Pero todos decían que no. Y en el autocar una chica dijo que no. Y un millón de hombres dijo que no. Pero cuántos erais, goddam. Y me gustan los nombres de los niños de los padres que dijeron que no. Y me cabrea, todavía me cabrea, cuando a Louis le llamaban Tío Tom. Y me río cuando pienso en Louis cuando se reía, en apariencia sólo se reía, pero en verdad decía también…

¿Sabes la trompeta que te inicia el Strange Fruit? Me ha parecido oíros a todos en esa trompeta. Todos tocando la trompeta. Y ese día abriste la página de sucesos y viste uno que no. Y juraste. Y dijiste simplemente: no.

P.D.: evidentemente Billie no compuso Strange fruit. Pero se hizo con ella, se apropió de tal manera de ella, que como tal merecería ser su autora. Por lo menos para mí lo es.

miércoles, 22 de junio de 2011

El verdadero sexo del jazz

Imagino un mundo de mujeres. Imagino un mundo de mujeres, como hizo Fellini en La ciudad de las mujeres. Un mundo felliniano donde aquéllas gobernaban sobre nosotros, los hombres. Bien pensado este mundo de mujeres no sería el mundo al revés, si acaso sería el mejor de los mundos. No recuerdo mucho de la película de Fellini, (de hecho ahí está mi 6 en FA). Y como no me acuerdo mucho de lo que pasaba en ella me voy a inventar lo que pasaría en este mi mundo de mujeres.

Sería mi mundo de mujeres. Me ha chocado esta aparente contradicción. Mi mundo de mujeres. Y en este mundo de mujeres se escucharía jazz, mucho jazz, pero no el jazz que todos conocemos. En ese mundo no sonaría Lester Young, ni las canciones de Cole Porter estarían compuestas por Cole Porter. No, en mi mundo de mujeres se escucharía mucho, pero mucho, a Billie Holiday. Las radios no pararían de emitir las canciones de Ella Fitzgerald. Pero lo más importante de todo es que la expresión “los músicos” no existiría. Lo que habría que decir sería “las músicas”, no para hablar de manera general de los diferentes tipos de música, sino a eso, a las músicas, a mujeres con un par que tocarían el saxo tenor, o la trompeta o el contrabajo y la batería. Tocarían símbolos fálicos, de hecho, y eso a ellas les dibujaría una sonrisa de oreja a oreja. Los espectadores que acudiesen a esos conciertos sí, podrían ser hombres, pero encima del escenario sólo se verían largas melenas, recogidos o corte de pelo a lo chic.

Este mundo que me he inventado sobre la marcha existió. A duras penas, pero existió. Porque hubo un par de orquestas o tres que ellas sí, tenían un par y lo que hay que tener para, en un mundo, el del jazz, de predominancia masculina, organizar un grupo de quince o veinte buenas mujeres para tocar esa música que (oh Dios) nació precisamente en locales que regentaban mujeres de reconocida reputación. En los años 30 y 40, justo en la época swing,existió esto:

Es difícil imaginar que exista un mundo de mujeres porque, en definitiva, seamos nosotros los espectadores o no, todos nos necesitamos. Creo que también sucede a la viceversa. Felliniano o no, un mundo de mujeres en el que se escuchase vuestro jazz vendría muy bien para ese ratito en que, efectivamente espectadores de vosotras, nos hace falta veros, oíros (mejor escucharos) y sentiros a manos llenas. Y creo que con las primeras notas que desgranara, solita arriba en el escenario, el piano de la portentosa Mary Lou Williams, nos daríamos por satisfechos por una buena temporada (os cuento, no sabéis lo que sería que en ese mundo de mujeres vosotras nos cantarais en voz baja cualquier canción que viniera al caso, aunque fuera una de Gerswhin, aunque fuera el Cheek to cheek).

viernes, 7 de enero de 2011

Jazz voyeur (III)




Carl Van Vechten fotografió otras veces a Billie y aquí lo puse. Buscando más de esa misma sesión doy con éstas que desconocía. Me duelen tanto que no puedo dejar de ponerlas. Todas.

lunes, 2 de agosto de 2010

Jazz Voyeur (II)

Billie Holiday en los camerinos del Carnegie Hall, 1956. Hugh Bell.

Tenía más fotografías que explican a Billie Holiday. ¿Recuerda la letra de una canción mientras espera que le llamen al escenario?, ¿responde a alguna pregunta del interpelador que hay a su izquierda?, ¿eso que lleva en la mano es un programa de mano?

Le esperaba el Carnegie Hall. El título de la canción le viene muy bien a lo que pudiera estar diciendo en ese momento. Menos mal que no nos oye, porque no le hicimos caso, por lo menos yo ahora.

martes, 22 de junio de 2010

Jazz Voyeur

Pocas, muy pocas personas me ganan tanto. Billie Holiday, 1958, Monterey Jazz Festival, (c) Jerry Stoll.
Ya he perdido la cuenta de las veces que me habré topado con el rostro de Billie, pero a cada ocasión en que doy con otra fotografía diferente a las anteriores y descubro algo nuevo, me obligo, otra vez, a ponerla. Para contemplarla entre todos. Contemplarla, admirarla, observarla,...
Tengo más. Afortunadamente.

domingo, 28 de febrero de 2010

Strange days

Carl Van Vechten tuvo el mérito de sacarle esas lágirmas a Billie. Son lágrimas, ¿no?

Me han estremecido las dos fotografías de Billie Holiday. No podía dejar de poner ninguna de las dos. El tema de hoy le viene mejor que nunca.