lunes, 8 de abril de 2013

A puerta cerrada

Un Dios

Has escrito un guión. Escribes fin. Te relames, quiérete. Estás on the top of the world, más que Dios. Luego viene la noche, esa misma noche, porque has acabado por creerte Dios de madrugada; ponte Vértigo. De entre los muertos. Luego siéntete. Probablemente nada. Y no te pongas Perdición. Doble perdición. Intenta dormirte. Si el caso, lo que sueñes apúntalo, no te quedes con las ganas. Despierta y escribe. Estará bien si lo haces y te pones cachondo. Luego las reglas: no escribas una escena con extras que miran a la cámara, siempre habrá uno entre mil; no dispares a los caballos de la diligencia, porque te quedarás sin película; exige el B/N, aunque luego se olviden de ti, aunque sólo sea un sueño, exige un sueño en B/N; dibuja a la chica de tus sueños, será lo que más tiempo te lleve, pero dibuja bien, probablemente se te aparezca; esa hoja en blanco, quiérela, mejor si la destruyes; no escribas un final, ese que estás pensando; cierra la puerta, tú no conoces a nadie; esa persona en la que estás pensando, ésa, dale lo que estás escribiendo; desnúdate y busca en tu infancia; prepárate porque no lo vas a buscar, pero alguien se presentará, y si dice que se quiere enamorar de ti y si no le abres la puerta, estás perdiendo el tiempo; no sigas más. Y luego, después de amar y escribir, olvídate de mí, y si aún te crees Dios, no dejes de escribir. Recuerda que chico siempre busca chica. Y termina lo que no has empezado.

sábado, 23 de marzo de 2013

Dionisio. Ramón. Emilio.



Se ha muerto Bebo. Tocan lágrimas negras.

Esta noche es una de esas noches. Tú y yo revolviendo en los discos. Tú bebes. Esta noche es de esas noches en que no faltan motivos. Esta noche, me dices, nos vamos a enamorar. Asiento. Bebo. No miramos el reloj. El tiempo, a pasear: de fondo suena un piano. Hoy quiero bailar cha-cha-cha, me dices, aunque a mí eso de bailar me da mucha vergüenza. Pero te sigo, porque hoy es una de esas noches. Has llorado y mírate ahora el rímel. Y no te importa porque lo consideras el mejor homenaje. Te descalzas. Y lloras y sonríes al mismo tiempo. Y bailamos el cha-cha-cha. Y luego me toca a mí. No somos raros ni nada, poniendo vinilos de colección. Hoy es noche de vinilo. Y bebo.

Y me cantas esa letra de bolero que no canta el piano. Y bailas sola. En el ínterin pasan muchas cosas entre los dos, porque esta noche nos estamos enamorando. Y es una buena noche para llorar. Nos acordamos de dios, así, en minúsculas, y le preguntamos por qué permite que se vaya este tipo de gente. Y bebes y bebo y nos acordamos de la madre de dios. Y levantamos el surco. Y nos vestimos como en los años 40. Y sacamos las maracas. Y nos parece todo tan demodé que nos encanta. Nos ponemos tinte y nos ponemos dos nombres, no sé, Chico, Rita. Y oímos un chucho en la esquina de abajo. Parece que llora. Y nos cogemos de la cintura y escuchamos. Y suena nuestra canción. Y me miras a los ojos y me dices “ojos verdes”.  

Ahora haces playback y eres Rita. Y me dices las cosas como Dinah Washington, pero con acento cubano. Reprochando. Si el blues fuera cubano. Y yo asiento. Y me enamoro. Quiero tocarte el piano que nunca tuvimos. Me conformo con eso que me cantas y me rasga: “no te voy a querer ni te voy a mirar, para que sufras” es lo que me cantas con la voz de otra y a mí eso me sabe a gloria. Bendita. Y entonces me acuerdo de otra que no eres tú. Y lo notas y me pellizcas y me subes con tus pies por ahí. Anotamos mentalmente el día. Otra fecha en el calendario.

Y entonces se me ocurre y te lo digo. Bajamos, buscamos. Por aquí y por allá. No te has puesto los zapatos. Parecemos algo, con la botella, así a estas horas por la calle. Tenemos los mismos arranques de vez en cuando. Y al final lo encontramos. Tiene cara de tristón. En cuanto te ve levanta la pata. Y se pone a mover el rabo. Te lo has ganado fácil. Te da unos lametones en el pie y te parece escucharle decir algo. Nos encanta este chucho. Y también lo que queda de noche. Un día te haré un bolero, te digo. Sólo que hoy nos falta el piano.

domingo, 10 de marzo de 2013

Él




Escuchas lo que te dice cuando te lleva al camerino y cierra la puerta, cuando te hace sentar de cara al espejo para que te veas lo guapa que estás esta noche. Y tú, entre que ves fotos de su familia y que no sabes cómo se habrá fijado en una simple extra girl como tú, te miras al espejo y él, que se acaba de lavar ese mostacho de pega, te observa como a una distancia prudencial. Tú eres la estrella en ese momento y no te lo crees. O sí, porque estás en el asiento que ocupa la persona más famosa del mundo. ¿Habías tenido alguna vez de cerca a alguien, en definitiva? Y él te dice y te remata: look so beautiful tonight. Y suena una música de un chisme de ésos que has visto en los escaparates y que tú escuchas pero en la radio de tu habitación, cuando tu compañera de piso no está, porque no quieres que te diga que oyes unas cosas un poco ñoñas. ¿Te creerá cuando le digas dónde has estado, con quién y lo que te ha dicho ese quién?

Te dan ganas de salir corriendo en ese mismo momento para decirle a tu chico que… pero mejor piensas que no, precisamente contarle esto no sería lo más adecuado, y lo único que te ocurre es que realmente te estás creyendo una persona importante. Y le llamas de usted y él se sonríe y esta vez le oyes, es la misma cara, el mismo gesto que hasta ayer sólo veías en el cine de tu barrio. Y él te dice que no le llames así. Y tú no lo sabes, pero te estás sintiendo como una rosa púrpura en el Cairo. Ya sabrán tus nietos de lo que hablo. Y él te dice Smile y tú sonríes. Aquí tendría que ir un fundido en negro porque él te va a hacer la corte, que es la expresión que se usaba en aquellos días para otra cosa. You know. No sabes, porque esas cosas no salen en la prensa, cómo es él. A él le gusta mucho hacer la corte. Y como hay un fundido en negro no vemos nada. No la corte aunque sí el corte. Lo que sí puedo decirte es que esta noche quizá no veas a tu compañera de piso. Ni ésta ni las siguientes. Quizá te hayas convertido pero de verdad en esa star que te ha dicho él. Son cosas que pasan en el mundo, tú no lo sabías, porque tampoco salen en los periódicos, son cosas que tienen que pasar y pasan. Sobre todo si eres la chica del fondo de la escena y quieres convertirte en algo más. Y a él le gusta mucho hacer la corte. Y este mundo es como es y ya lo irás aprendiendo. Y después del fundido en negro pocas personas te van a reconocer. Serás una star que cuando llames por teléfono a su casa, dirás así, ¿está Mister Chaplin? Porque lo cogerá Mrs. Chaplin. Y lo que sigue es la misma historia de siempre. The same old story. De ésas de las que siguen alimentándose las películas.

domingo, 24 de febrero de 2013

Pasar páginas


Diane Keaton tras ganar el Oscar a la mejor actriz por Annie Hall

Que te den el premio de tu vida y que tú lo celebres tocando uno de esos instrumentos, sólo que estás a miles de kilómetros de distancia,puede considerarse como dos cosas: la primera, como una forma de hacerle un feo a quien te reconoce tu mérito; la otra, como la manera de decir que el carpetazo que le has dado al libro que acabas de leer y por el cual te dan el premio de tu vida contiene muchas cosas, entre ellas que te da igual el qué dirán. A mí ese libro me dejó bueno el sabor de boca. Ese libro es historia. Y espero que os guste. Fin. Pero terminas el libro y te han dicho que no sólo el carpetazo, la forma de leerlo ha sido estupenda. Lees mejor que nadie. Y te lo dicen. Y tú sorprendes, desconciertas: te dan el premio de tu vida y tú estás tocando uno de esos instrumentos. Porque lo habitual es que vayas a un sitio, ése que está a tantos miles de kilómetros de distancia, te sientes con otra mucha gente que también ha leído su libro y al final te den el premio de tu vida porque “la forma de pasar página, su separador, cómo ha leído esa página 36 nos ha encantado”. Y entonces a ti eso te importa muy relativamente y sólo piensas en otra persona, porque a esa persona, que te animaba a seguir leyendo de esa manera, también le dirán que no hay otras manos como las suyas entre las dos tapas de su libro. Y entonces te das cuenta de que quizá sea mejor así y que sea ella la que se suba al escenario para que le digan que la forma de pasar las páginas suya, señora Hall, esas manos pasado páginas les ha puesto. Y así ella es la que acapara los ojos de los otros lectores o (algunos sólo eso) pasadores de página, que son además los que consideran que no ha habido nadie como ella para leer dando paso a la página siguiente. Piensas en ello y te sientes satisfecho. Y es que era eso lo que en el fondo perseguías cuando estabas leyendo tu libro. A veces ella era la que te pasaba las páginas una por una.

Pero tú no piensas si la gente se acuerda de ti cuando ella sube al escenario y recoge el mérito y ella te nombra y habla del libro (y de aquella escena mirando libros). Y tú entonces crees por un momento que si ella te nombra de la forma que te nombra, pues piensas “People will say we’re in love” (así reza uno de los más acertados títulos de esas canciones. De aquéllas). Y eso es en definitiva con lo que te quedas mientras cierras los ojos y tocas uno de esos instrumentos (a la misma hora pero a unos cuantos miles de kilómetros de distancia). ¿Es aquel tema que utilizarás cuando te dispongas a leer otro de esos libros, unos cuantos años más tarde? Piensas en ella, en que cuando acabe la actuación sea su voz la que escuches (¿esperabas oírla en el intermedio?) y te diga cosas. Y lo primero que te dice es que todos aquí (a esa distancia de tantos miles de kilómetros) están diciendo que te quiero. Pero eso a ti te importa menos porque ella ES esa noche, allí. Y tú aquí pero no importa. ¿Es bueno el champán?, le dices. Y ella se sonríe y tú le oyes cómo tararea vuestra canción. Colgáis. Tú coges y le limpias la boquilla a uno de esos instrumentos. Ella te ha dicho que esta cosa pesa un huevo.