lunes, 10 de junio de 2019

Jazz over me


Herb Snitzer le hizo esta foto a Satchmo


Little Johnny Coles. Erroll Garner. O Johnny Griffin. Eran bajitos. Glenn Gould no. Éste estaba un poco loco pero no era bajito. Lo dice o lo insinúa (“extraordinario… pero impregnaba la música con su propia naturaleza excéntrica”. Yo digo: Keith Jarrett too?) Seymour Bernstein, pianista y maestro de piano en el documental que Ethan Hawke realizó sobre este Seymour. Descubrimiento. Visto en Filmin. La plataforma de cine. LA plataforma de cine.

Michel Petrucciani. El documental de Michael Radford sobre Michel Petrucciani. Visto en DVD del Mediamarkt, aunque también está en Filmin. Straight, No Chaser, documental que sobre Monk, el menos loco de todos los locos, produjo Clint Eastwood un año antes de que Forest Whitaker se conviertiera para siempre en Charlie Parker. Y Clint Eastwood ponía todos los días en Escalofrío en la noche en su programa de radio a Errol Garner en Escalofrío porque una admiradora suya le pide que ponga Play Misty for me, que es como en verdad y en origen se llama la película, del año que murió Louis Armstrong, que fumaba hierba como en la foto de arriba porque, como el jazz de Cifu para los amigos, porque sí.


Son las ocho y media casi. 10 de Junio, 2019. ¿Hay alguien ahí?

viernes, 19 de octubre de 2018

El rey

Martin Scorsese, Princesa de Asturias de las Artes

Ayer dijo en Oviedo Martin Scorsese (que desde hoy, por extraño que suene, ya es Princesa de Asturias) que cuando está rodando una película que no le digan ni buenos días, que no le hablen, que en ese momento prácticamente no existe. Sin embargo, hoy Marty (para los amigos) ha hablado. Delante de un micrófono o delante de una cámara en un documental en el que salga con sus longevos padres dice cosas. Habla. No hay quien le calle. Habla como un descosido. Pero para decir cosas con mucho sentido. Si el director italo-americano dice algo, no lo dice por decir. Y hoy en Oviedo ha hablado, ha dicho cosas, como que el cine se está devaluando o que el arte siempre saldrá a flote.

Y esto también:
Las películas de Luis Buñuel son más modernas que las cosas éstas, los tuits del twitter.
Tras esto, sí que no queda más que decir. No puede decirse más con menos. Ni siquiera en un tuit.

martes, 11 de septiembre de 2018

Pero lo nuestro es pasar


Jean Seberg, 1957 rodando Bonjour tristesse (C) Bob Willoughby

Sé que, de nuevo, no me voy a dormir. ¿Estás dormida?

La tristesse se puede escribir de muchas maneras, pero sólo hay una en la que se manifiesta. Los italianos decían Buongiorno tristezza. Los franceses, Que c'est triste Venise. Y los que hablan inglés, sobre todo en Nueva York, dicen blue. Hill Street Blues o los Blues del Potato Head. Qué triste, suele decirse de forma peyorativa (mal dicho) cuando algo es feo o te han hecho una buena. Lo cual, que te la hagan buena, te pone entre otras cosas (bien dicho), triste.


Tristeza de amor cantaba Hilario Camacho. Pocas rayitas de popularidad en el Spotify (disgresión: ¿merecerá la pena el tal Tidal?). Sé que no es fácil dormise cuando, entre otras cosas, estás triste. Sé que es muy difícil volver a dormirse en mitad de la noche poque te has despertado porque estás triste. La verdad es que todo eso, sin paños calientes, es muy jodido. La congoja y el corazón. Por qué trae consigo esto (the same old story) siempre septiembre.


No sé si la mejor manera de luchar contra el insmonio que produce la tristeza es ponerse a escribir pasada media hora de la media noche. ¿Leerás esto cuando haya pasado de largo la tristeza?


Cosas que no son tristeza: la melancolía, la morriña. Sí, pero no. El insomnio. ¿A veces le acompaña a su fastidio un puntito de deleite?


La tristeza es como una migraña latente, que siempre está allí aunque no la notes (¿pongo interrogantes de nuevo?, ¿afirmo o pregunto?, ¿a veces viene bien que una pregunta se vuelva por si sola retórica?).


Si a veces viene bien estar triste, bendita seas, tristeza. Pero también te digo una cosa: que ahí tienes la puerta.

martes, 7 de agosto de 2018

Líneas del Summertime


Escribo esta ¿carta? mientras espero a dormirme. Porque sé que no voy a dormirme y menos si no escribo esta ¿carta? Llamémosle líneas. Escucho de fondo a Sonny Rollins, que hace con el saxo lo que Billie con la boca hacía con el Solitude.


Sí, es cierto, yo también echo de menos leerte, que me leas, el contracto de las palabras. Hace tanto calor, Dios Santo.


Echo de menos tu letra, echo de menos tus caricias de jassitup, que a veces, como el apellido de Marlene, empieza como una caricia y acaba en latigazo (suave látigo el tuyo que sirve de rúbrica certera para un escrito-poema-lamento).


Ahora suena Billie. Laughing at life. Ja.


Cosas que decirte en público. Por qué no. Así se entera nadie. A menudo me pregunto, casi me cuestiono, si es lo mismo echar de menos y echar en falta. Como cuando piensas en alguien y su nombre te provoca un “ay” muy hondo. ¿Sabes?, ya no quiero dormirme pronto, no al menos hasta que haya terminado esta ¿carta?, estas líneas.


Billie nos une. Siempre está ahí cuando la necesitas. Tengo también un e-reader, pero desde hace un mes o menos (El Strange Fruit, Trump, fuck off).


Ya ni me importa que a mi Nexus 5x no le llegue el Android Pie. ¿Sabes?, escribir con alguien en mente mola. Seduce y activa las neuronas y más cosas. Casi, casi se me había olvidado.


Leerte. Nadie sabe lo que se pierde. Es como escucharte. Sin casi. Ese acento del Sur. Mayúsculas, por favor.


Hace calor. Y pensar en Billie. El tres en uno lo completas tú. Voy a soltar un “ay” al aire.


Y voy a intentarme dormir.


Zaragoza, mucho calor, más allá de la medianoche.