domingo, 23 de noviembre de 2025

Nunca es invierno

Pronto será invierno 


Domingo, creo que 23 de noviembre. Parque, si puede llamarse así, del Agua. ¿Soy la única persona en el mundo que en estos momentos está escuchando a Malcolm Scarpa? Me da el sol de frente. Hoy sigue haciendo frío, pero no tanto como ayer. Ayer hacía frío. El sol se agradece. Aquí todavía no es invierno aunque se acerca. De hecho, aquí nunca es invierno. Últimamente no hay invierno, sino un intervalo de niebla o cierzo antes de que a finales de enero vuelva el verano. Aquí nunca es como le pasa a David Verdaguer en la última película de David Trueba, hermano de Fernando y tío de Jonás. Jonás Groucho. A David Trueba también le da por poner música, músicos, cantantes, grupos o similares que no conoce nadie. En película o en serie de Jorge Sanz. Hay un escritor que tiene que ponerse el segundo apellido en la portada, en la solapa y allí donde se escriba su nombre porque se llama igual que el protagonista de Qué fue de su tocayo. A Malcolm Scarpa lo ponía mucho, y cuando digo mucho es mucho, Juan de Pablos en Flor de pasión. A Malcolm Scarpa no le escuchará nadie aparte del que le da al teclado y de los 249 mensuales del Spotify. ¿Alguien buscará de propio a Malcolm Scarpa en Spotify? 250 ya.

Si utilizara esa expresión, diría que yo no veo series es uno de los mantras que más se repite en mi mente. Yo no veo series pero Qué fue de Jorge Sanz sí. Y Malcolm Scarpa puede que pegase en una serie o en una película de David Trueba. Cuando Malcolm Scarpa era uno de los habituales de Radio 3 cuando empezaba Flor de pasión, se convirtió en una figura que por aquellos tiempos parecía ser de culto. Con el tiempo Malcolm Scarpa se ha convertido en un músico con 250 mensuales en el Spotify. Dio un concierto en Zaragoza hace 30 años, cuando oculto de las masas se disfrazaba de artista de culto. Son las mismas canciones que sonaban con Juan de Pablos. 

Una hora y nueve minutos de concierto que suenan de nuevo un 23 de noviembre, quizá justo treinta años después.

martes, 28 de enero de 2025

Tampoco es nada


Ya es el siglo pasado

Es decir. Estamos en 2025. Este blog, todavía existe este blog y todavía existen los blogs (¿interrogantes?), cumple pronto 20 años. Que ya se sabe que tampoco hoy es nada. Hace 20 años yo tenía 20 años menos. Y ahora 20 años más, que parece que es lo mismo pero que no es lo mismo. Sumar no es lo mismo que restar y además el orden de los factores siempre altera los productos y más cosas que habría que rebatir a Pitágoras y esas gentes. Con todos los respetos y el reconocimiento. A su lado no somos poco. El tema es que X se llamaba de otra manera y como cuando empecé en blogia cuando hay algo nuevo suele hacer tilín y ese tilín ahora se llama bluesky. Y Jon Fosse y por fin me he puesto con la sangre fría del pueblo de Holcomb y la crónica sin carne de Truman Capote y hasta me he puesto con el Ulises de Joyce hasta que el cuerpo aguante pero el cuerpo aguanta y hasta me pide más. Si estoy ahora en los cielos azules es porque esta tarde y ya no sé cómo he descubierto a mi soulmate (y ya no sé qué enlace poner, pongo éste que está en esos cielos) en esos mismos cielos. Y ha sido como si se me abrieran los cielos. Y sí, si lo dudáis o no lo tenéis claro u os lo preguntáis, para escribir, lo primero que hay que hacer es leer, aparte de tener algo que decir que me dijo un poeta de Paniza que me firmó en su día una dedicatoria y en esa dedicatoria el poeta de Paniza me llamaba joven amigo y pacientísimo oyente y de eso hace ya más un poco más de 20 años y yo ya tenía años a pesar de que sigo dando la sensación de que tengo muchos menos años y yo me noto que sí pero los demás me dicen que no, que tú no puedes tenerlos, esos años. 

Y la otra dedicatoria que me han hecho en toda mi vida es la tuya

Y es 2025.

lunes, 2 de diciembre de 2024

Perdones y Olvidos



Hago un descanso del enésimo trasiego de libros, discos, vinilos. Yo siempre llamaré discos a los vinilos y más aún a los cds. Todavía no me sale decir una colección de cds. Ahora que los cds también forman parte del pasado imperfecto.
Entre Cortázar, Grass y el Lady Sings the blues, ahí mismo, codo con codo con la belleza eterna de Billie Holiday, aparece ella. Ella es un libro, de poemas. De poesía y de jazz. Tiene dedicatoria. Leo la dedicatoria, que va dirigida y escrita para mí. 20 de Agosto del 2020, que parece el nombre de una canción de tiempos de la pandemia, esa cosa que uno ya no sabe si existió. No me importaría que la dedicatoria fuese eso, una canción. La tomo por tal. Lo que dice la dedicatoria podría ser la letra de… pongamos de Sabina. Leo la dedicatoria y no me perdono. Me doy cuenta de que he cometido no un delito, sino pecado continuado. Estabas al lado de Billie, evidente que era la mejor compañía. Pero todo este tiempo que he estado pecando necesita su pertinente penitencia. A saber.


En todo este tiempo, más del querido, más del merecido, han ocurrido cosas. Unas pueden contarse. Otras se quedan para mis memorias. Escribo desde el iPad. iPad con P interna mayúscula. Los iPhone o el iOS o como demonios se diga y escriba no es lo mío. Lo he intentado y no. Sí el iPad, más tosco y por ello quizá más de mis gustos. También el MacBook, todavía en fase de pre-todo. Pero el iPhone no. Ay, cada vez que me acuerdo del iPhone me acuerdo de ti.


Han sucedido cosas, demasiadas, como en un partido del Zaragoza. Sí, doce años seguidos en Segunda. Un dolor, un castigo, igual hasta divino. Sólo sigo al Zaragoza. Lo demás, incluso el snooker, ha terminado. Llevo gafas progresivas pero una cosa es llevarlas y otra acostumbrarse a ellas. Veo muchas películas, pero no las películas que ve todo el mundo. El 47 me hizo llorar y Eduard Fernández está para decirle que viva la madre que le parió. Va a ser verdad que es más difícil hacer reír que llorar, será por eso. Revivo algunas escenas de Una noche en la ópera para desmentir momentáneamente el aserto. O Chaplin o Keaton. O el amante de Diane Keaton en la primera mitad de la década de los 70.


Hay letras, palabras y pensamientos que son propiedad del alma. ¿Quizá podría ser todo esto el capítulo primero o acaso un molesto prólogo de mis pretendidas memorias? Me sacan del contexto y de las ganas de leer el libro los prólogos que parecen el trailer de una película que te cuenta toda la película. Sencillamente no puedo. Regreso al comienzo del párrafo. Hay letras, palabras y pensamientos que son propiedad del alma, maltrecha, pero al fin y al cabo sigue llamándose alma. Dicen que hay Dios, por si tiene el cartel de ocupado en la puerta ruego a nivel más terreno el perdón de mi pecado continuado. Tengo a mi soulmate abandonada. Será o no descargo, en el pensamiento-alma-corazón-y-vida hay un pedacito grande de mi Olvido. Echo la instancia, arqueo la espalda. Siento un peso que se me quita de encima. 


Ya me duele menos la cabeza. Creo.


martes, 15 de octubre de 2024

Mediterráneo


14 de octubre de 2024. Mi habitación. Técnicamente ya 15. Dentro de dos meses, navidad. Hoy todavía no es navidad, es octubre y es otoño. Escucho a Serrat cantar en catalán. Otra balada en otoño. Es una versión del Suzanne de Leonard Cohen. Aplaudo la casualidad, que dicen que no existe y yo asiento. A Serrat le darán pronto un premio de una institución en vías de extinción que ya le dieron a Leonard Cohen antes de que Cohen confirmara con su muerte que las leyendas nunca mueren. A Serrat le queda cuerda aunque ya sea una leyenda. A Serrat un día se le llamará de todo, pero será casi demasiado tarde. Y ese día Serrat se reirá como se reirá Sabina. Casi de la misma manera. Los premios éstos te hacen viejo y te recuerdan que cada vez te queda menos para que te rías. Por última vez, porque ya se sabe lo que dicen de cuándo se ríe mejor. 

Serrat le cantó a más nombres de mujer. Irene, Helena, Lucía y Penélope. Todos hemos conocido a alguna chica que se llamaba así. 

Todos tenemos una prima segunda que se llama Susana.