lunes, 14 de noviembre de 2011

Guitarra, guitarra mía

Un Óscar argentino

Que sí, que hubo una guitarra que no era la de Django y que sonaba como la de Django. Qué carajo, sonaba como la de Óscar, Óscar Alemán se llamaba. Recordás. No recordás. Ché, de la Argentina fue y en la misma Argentina le olvidaron (y aquí, no te creas que te vas a salvar, españolito de pro, que olvidaste de Vladi Bas o del gran Iturralde). Pero estamos con Óscar, que ni te acordabas del nombre y tuviste que buscarlo. Sí, ese Óscar de la guitarra que sonaba como el manouche. De dónde sacó el argentino esa guitarra para no acompañar a Gardel. Y tuvo éxito y se lo quiso llevar el Duke. Porque lo tenía en su banda la negra Josephine Baker cuando ella se desquitaba de la vida sin la ropa. La bella Josephine. Suerte tuviste de tratarla a la bella y a tu guitarra, que vienen a ser las dos cosas lo mismo. Y allá donde ibas, aunque tiznaba tu piel a oscuro, decías que yo soy argentino.

Porque eras así como Teddy Wilson. Pero negro al fin y al cabo. Y tenías que repetirlo. Y me digo que cuando empezabas a tocar el swing como lo hiciste desde que te acuerdas tocando una guitarra seguro que hubo más de uno que se dijo que no, que no y que no, que tú eras nacido en el Harlem que (d)escribió el Duke que te quiso, que les tomabas el pelo si les decías que no. Y era entonces cuando tenías que poner el acento ese que aunque fueras negro te delataba. Che, es que no lo ves.

Porque, te preguntarás y me pregunto también, no tenías nada que envidiarle a nadie, sino más bien al contrario. Viceversa. Y me pregunto también si Django alguna vez, que tampoco era negro pero sí gitano, te oyó u acaso oyó hablar de un alemán que tampoco era europeo (lo tuyo tenía mérito para intentar convencer de que lo tuyo era muy argentino). De que le podías hacer sombra, Óscar, quizá te tuvo hasta tirria, sana, pero tirria. ¿Imaginás el momento, imaginás el dúo, la máquina del tiempo otra vez para estar tras el cristal del estudio y las dos guitarras? Primero habría que inventar el momento, lo sé. Veo la portada: Django & Alemán, Swing à Paris. Y Josephine a mi lado marcando el ritmo con los pies descalzos, el humo de su cigarro y el cartel défense de fumer (y Josephine que le da la espalda, desnuda).

Óscar, le oí decirte a Josephine esa vez, tenés sitio entre las estrellas.

2 comentarios:

Olvido Andújar dijo...

Qué bien sonaba esa guitarra... ¿Serían las estrellas y la luna del Sweet and Lowdown un homenaje a las estrellas de las que hablaba Josephine?
Un beso, sweetheart

josé miguel dijo...

Todo podría ser. Hasta podría hacerse (todavía hay tiempo) una película sobre Óscar Alemán. Imagino dirigiendo en plan documental a Campanella.

Besos de los nuestros.